Rara vez se presenta cuando Frustración o Ansiedad están en casa.
Category: Filosofía
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Lo que mueve al mundo son los audaces, no los genios
Ser un genio o tener uno a la mano ayuda a nuestro propósito o negocio, no hay duda de eso, sin embargo en muchas ocasiones el genio necesita ser encontrado y empujado por personalidades proactivas. Seguro hay muchos genios en el mundo que nadie conoce ni conoceremos jamás =’/
Las buenas ideas abundan. Para muestra observen todas las maravillas que hemos creado como cultura humana, pero esto no quiere decir que dichos inventos hayan sido producidos exclusivamente por genios ni tampoco quiere decir que estas ideas hayan sido las mejores. ¿Se te han ocurrido mejoras de algún producto? ¿hacer más eficiente una actividad cotidiana? ¿te has quejado de algún servicio de una gran compañía? Seguro que sí. Las cosas siempre pueden mejorarse, incluso hay ejemplos que ni siquiera debieron ser de la manera como son para comenzar, pero nos hemos acostumbrado a ellas (mal acostumbrado).
Lo que vemos en el mundo, los inventos, productos, servicios y demás agasajos que disfrutamos día a día generalmente no es el fruto de genios o de gente inteligentísima, sino de personas audaces, motivadas, instintivas, llenas de confianza, que hacen primero y preguntan después o gente con demasiada suerte y/o mucho dinero.
Son personas que han fallado mil veces, han saboreado la derrota pero también el éxito, ambos factores que los mantienen altamente motivados. No son necesariamente unos genios, por eso no siempre nos quedamos con los mejores inventos, son solo personas que actúan porque los demás no lo hacen, porque alguien-lo-tiene-qué-hacer o sencillamente porque les gustan los retos, el progreso, el éxito.
Viendo el mundo desde esta perspectiva, los invito a involucrarse, a motivarse y a hacer. Y si de pasada conocen a un geniecillo por ahí, acarréenlo y hagan cosas maravillosas, pero… “den el primer paso, lo importante es comenzar”.
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“Si no existe confianza, no habrá siguiente paso”
Como los engranes de una máquina: si uno falla, no llegarás lejos.
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Sé parte del cambio
Una de las cosas que me han quedado claras con el paso del tiempo es que hay que Actuar para avanzar. Como seres humanos pertenecientes a una sociedad muy competitiva la expectativa es que progresemos y nosotros, consciente o inconscientemente, en mayor o menor medida, nos encaminamos hacia el progreso, pero el ritmo casi siempre nosotros mismos lo ponemos.
Es parte de nuestra naturaleza progresar, nos sentimos bien cuando ascendemos, cuando nos toman en cuenta por nuestras hazañas, cuando concluimos algo importante, cuando alcanzamos nuestras metas personales. Pero este sentimiento tan agradable y esencial no es fácil de conseguir. Hay que trabajar.
Como casi siempre vivimos inmersos en sociedad, en una empresa, un municipio o un país, es fácil “dejarse llevar” por la corriente esperando a que unos cuantos tomen las riendas y nos dirijan, pero esto va en contra de nuestro progreso personal, coarta nuestra felicidad. No es difícil comprobar que quien se esfuerza, toma decisiones y actúa por lo general le va bien, es una ecuación que funciona.
Un buen amigo decía “no hay crisis que aguante 15 horas diarias de trabajo”. Y si a esta oración le agregamos inteligencia, experiencia, profesionalismo y actitud, los obstáculos se volverán vulnerables y cada vez más pequeños.
Somos dueños de nuestras acciones, éstas nos definen y si todos siguiéramos con ahínco nuestros objetivos personales, seguramente nuestra familia, empresa, nuestro México querido sería un lugar mejor para vivir.
No nos cobijemos con la manta de la sociedad para excusarnos, “al cabo que mi aportación es como un granito de arena en el desierto”, porque si bien esta frase tiene su punto muy válido, también es verdad que para SENTIR el cambio, el progreso, tienes que SER PARTE de él, si no actúas, sencillamente es imposible sentirlo. ¡Ánimo!
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Conductores, Terratenientes y Ninjas
Algo que me llama mucho la atención es observar a las personas manejando, expresa mucho de ellos. Ciertamente todo lo que hacemos de alguna manera habla de nosotros, pero hay eventos que susurran, platican y otros que gritan. Yo creo que manejar es de esos que gritan.
Las personas vivimos en el pasado o en el futuro, pero rara vez en el presente (qué ironía, qué tristeza, pero así es) y manejar es una de esas experiencias que hace que vivamos en el presente, afinando los sentidos en el camino, en el escenario que nos rodea, alerta segundo a segundo. Estos son los instantes en los cuales las personas se expresan más auténticamente.
Los conductores tienden a ser territoriales, el carril por donde van les pertenece, tienen derechos latifundistas y por lo general hay enemigos alrededor, o ¿a poco no sienten diferente cuando van en un grupo de conocidos?, hasta damos el paso. Cualquiera que invada de manera inapropiada “nuestro carril” se convierte instantáneamente en un inepto, descortés, calamidad al volante, un insulto y peligro para la sociedad (como si nosotros manejáramos perfecto ¡ha!). La reacción del piloto ante diversas situaciones da mucho de qué hablar, solo observen qué interesantes diferencias y coincidencias.
Y qué decir de aquellos “ninjas” que siempre buscan colarse de las filas del tráfico aprovechando acotamientos, vueltas en doble fila, comiéndose la defensa trasera de las ambulancias y demás artilugios cuestionables. Resulta interesantísimo analizar estos casos. Si prestan atención, habrán notado que estos conductores siempre llegan antes a su destino ¿tres o cinco minutos antes cuando mucho? ¿valdrá la pena el riesgo? Tratemos de imaginar por unos instantes el razonamiento de estos conductores: tengo prisa; me desesperan; no me ganarás; soy mejor que tú; todos lo hacen, así que yo también… y podríamos armar un perfil muy completo, si reflexionamos.
Conductores que van lento por el carril de alta velocidad, que se pasan Altos y luces rojas conscientemente, que no usan las direccionales, se estacionan mal, nunca dan el paso y también conductores que hacen todo lo contrario.
Podríamos clasificar de alguna manera las ciudades o países por sus conductores, tal vez por su cultura cívica o estado de ánimo. ¿Han notado que es diferente manejar en otros países?
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Así soy yo, lo siento… really?
La claridad y confianza con la que una persona expresa “es que así soy yo” después de haber hecho algo que requiere justificación, me causa un “no sé qué”.
Es como si declarara a los demás que es un robot autómata reaccionando después de un evento, en sintonía con esta era digital; como si no pudiera mejorar o al menos actuar distinto en aras de la superación personal, coartando su espontaneidad natural; como si su librería de comandos de operación fuera del tamaño de una nota de la tienda de la esquina. Pareciera que estuviera protegiendo su individualidad con un recurso usado por millones.
Me imagino a una persona así derrotada por su falsa personalidad, protegiéndose con el escudo de la cotidianidad social.
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Hello world!
Inauguro este blog el día en que mi sobrino Mahur se bautiza por la Iglesia Católica y el Monterrey gana su cuarta estrella.
Buen inicio.




